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La silla que guardamos: poema de Día de Muertos y duelo

Hay ausencias que siguen teniendo un lugar en casa. Guardamos una silla en la mesa, ponemos una canción y, por un instante, parece que esa persona vuelve a estar cerca. No es que hayamos olvidado que ya no está; es que el cariño también vive en las costumbres y en los recuerdos que el cuerpo reconoce antes que las palabras. Por eso recordar puede doler y dar consuelo al mismo tiempo. La canción trae de vuelta una voz, una risa, una tarde cualquiera. Y aunque después llegue la tristeza, también queda la suerte de haber compartido algo que todavía nos acompaña. La silla que guardamos En Día de Muertos pongo tu foto junto al pan que te gustaba. La casa huele a cempasúchil y por un momento parece que vas a entrar diciendo mi nombre. Guardo un lugar en la mesa, aunque sé que no podrás sentarte. A veces la memoria se parece a eso: a tenerte cerca en una canción y extrañarte cuando termina. No sé si estas flores te encuentran, pero las pongo con cuidado, como quien...